viernes, 11 de mayo de 2018

El espacio exterior


Como en el espacio exterior
lo que parece vacío,
no es vacío.
Y no sé, ahora, cuál es el aire
que nos pertenece.
Pronuncio su nombre de a poco,
no quiero que se rompa.
No hay un límite claro, pero puedo tocarlo.
Él es real, como un cuerpo celeste.
Aun así la atmósfera puede fallar,
aun así, permanezco.
Él es como una galaxia,
novedad absoluta.
¿Es la primera vez que lo veo?
Pregunto, ¿puedo saberlo?
Esta mañana vimos al final de la calle
un perro blanco que se alejaba.
Podríamos haberlo visto antes.
En este espacio no sabemos qué es recuerdo
y qué es futuro.
Hago una lista de películas para ver el fin de semana,
lluvia dice el pronóstico.
Hago otra lista, las canciones para escuchar en la ruta.
No es vacío el espacio.
¿Es este el modo que tiene de darse un nombre?
Decir lo que quiero.
Dormirme antes de recordar algo parecido al miedo.
Repasar las cosas del día, contarnos lo que hacemos,
lo que da sentido,
lavar el plato y el vaso de vino después de la cena.
En qué creo o en qué voy a creer, pregunto.
Veo mi corazón, late como un fuego.
Tenemos una luz secreta.
Pido que no se quiebre.
Es un tesoro, tengo que poder alcanzarlo.
Lo primero, sus manos. La forma ancha de sus dedos.
Es importante,
estamos en el espacio exterior,
pero podemos ir hacia adentro,
confiar en la gravedad,
que nos devuelva,
en la profunda piel invisible de la atmósfera,
que no nos deja caer.


ph. Osma Harvilahti

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