jueves, 6 de septiembre de 2018

El espacio exterior

Como en el espacio exterior
lo que parece vacío, no es vacío.
Y no sé, ahora
cuál es el aire que nos pertenece.
Él es real, como un cuerpo celeste.
Lo nombro, voy despacio,
no quiero que se rompa.
Aun así, la atmósfera puede fallar.
¿Es la primera vez que lo veo?
Al final de la calle, esta mañana
un perro blanco se alejaba,
podríamos haberlo visto antes.
En este espacio no sabemos
qué es recuerdo y qué es futuro.
Hago una lista de películas para el fin de semana,
lluvia dice el pronóstico.
Hago otra, canciones para escuchar en la ruta.
No es vacío el espacio.
¿Es este el modo que tiene de darse un nombre?
Repasar las cosas del día
contarnos lo que hicimos
lavar el plato y el vaso de vino después de la cena.
En qué creo o en qué voy a creer, pregunto.
Veo una luz secreta
pido que no se quiebre.
Es un tesoro, tengo que poder alcanzarlo.
Estamos en el espacio exterior
pero podemos ir hacia adentro,
confiar en la gravedad
que nos devuelva,
en la fuerza mayor del corazón
que no nos deja caer.
  
 

ph. Osma Harvilahti

viernes, 10 de agosto de 2018

La virgen


Cuando vino el señor de la tienda
a colocar las cortinas,
me pidió que mueva las cosas que tenía sobre la mesada,
la maceta grande, el frasco con cucharas y cuchillos, los cactus
el altarcito con piedras
y la virgen.
La miré, era Guadalupe
río de amor,
la que guarda luz, pensé.
Me acordé de la tarde
que la elegí entre muchas piezas de cerámica
que habían labrado las monjas francesas
de la capilla escondida en la montaña
cerca de San Luis.
Él había preguntado
por el retiro en el templo,
si era posible quedarse ahí,
en silencio, durante días, en soledad,
que sí, que es posible.
Seguramente él habrá vuelto.
No lo sé.
La virgen me miraba y ya era algo ausente.
La saqué al balcón
después me pareció que seguía estando
adentro de la casa aunque estuviera a la intemperie.
Entonces la tomé con las dos manos,
salí al pasillo y la tiré en el tacho de basura,
no sin antes ver por última vez
el angelito que tenía en la base.
Un angelito con campanas y vestido blanco.
Acaricié la estatuilla,
me despedí de esa que tomó la virgen como amuleto.
Ahora,
me quedo frente a este cielo,
que no guarda su luz.


domingo, 22 de julio de 2018

Para estar en el mundo



Para estar en el mundo
nos enseñaron formas de hacer las cosas.
No sé de cuáles me desprendí.
Corto la calabaza para la sopa
la pelo con el cuchillo serrucho,
muelo las semillas de sésamo para el pan
sirvo el vino en vasos
caliento la leche para el café,
me gusta el silencio, vivo sola,
puedo olvidarme del mundo.
Pero el otro día en tu casa, vi cómo doblabas la ropa
para guardarla en el placard,
apilaste las remeras, creo que las juntaste por color,
después pusiste el mantel de cuadros en la mesa,
hiciste ese gesto con las manos,
el mismo que haces cuando encendés un cigarrillo
o preparás café
o lavás una fruta.
Siempre me pareció que usas las manos
como si llevaran un tesoro.
Aprendimos a hacer cosas para estar el mundo
aprendimos a estar solos.
Creemos que esa es la naturaleza frente al espíritu,
que así se comparte
la tierra con el cielo.
Cuando estoy en tu casa, también
puedo olvidarme del mundo.
Y es un olvido tierno,
se parece a la forma en que nos dejamos ver
se parece a no saber hasta dónde,
vemos naturaleza o vemos espíritu.





 Ph. Lorena Cao






domingo, 24 de junio de 2018

El bagual


El bagual de las pasturas, salvaje, lo vio.
El caballo de la casa,
domado y tierno, se dejó acariciar 
por las mujeres del campo.
El bagual lo vio
la mañana en que se fue,
allá adonde se anula la tierra con el cielo.
El caballo, ahora cimarrón
encontró al salvaje,
al silvestre,
abandonó lo humano y su intención de nombre.
¿Alguien lo lastimó? 
¿Acaso cruzó un umbral? 
El cimarrón habita por voluntad
en los bosques perdidos, 
sin mapa, donde no llega nadie para verlo.
¿Tiene recuerdos el cimarrón? 
¿Extraña a alguien?
¿Supo lo que abandonaba?
El único riesgo posible del movimiento 
es el rechazo.
Si fuera yo lo salvaje, 
si solo dejara que mi cuerpo
pueda ser otra cosa y no una espera.
Si fuera yo lo salvaje,
lo demás, no sería en verdad importante.
Lo verdaderamente importante es esto,
querer huir, 
ser cimarrón silvestre
escondida,
bagual sin recuerdos,
cimarrón de lo indecible,
la preciosura
a salvo.


Ph. Jeff Lucker

martes, 13 de marzo de 2018

No dormir


Tengo los pies en el pasto,
el sol me da sobre los hombros,
es posible que si nos quedamos mirando el cielo,
el día que recién nace, permanezca.
Es posible,
que la vida sea todo el tiempo esto.
Andar despiertos.
Es posible que del otro lado de la cerca 
de las enredaderas y del surco de frutos naranjas,
esté el mar, dijo Delfi.
Podría estar el mar.
Las cosas lindas de la vida pasan así.
No lo vemos, pero está.
Después,
sus dedos pulsan las teclas del piano
que encontró en la sala.
El piano está cerca de la ventana,
la luz le llega a la cintura,
¿hay algo posible de perderse?
Sí, pero no existe ahora.
Ahora es navidad,
el cielo aclara,
él me besa
y es como si nunca antes me hubiera besado,
lo sé
por eso que nos corre adentro,
como una hilera de luz.
Es posible,
no hay nada que hacer.
El sol vuelve las cosas amarillas,
el árbol vuelve a dar su sombra.
El patio de la casa se une con el cielo,
forman una misma cosa.
Podríamos estar viendo
por ejemplo, la aurora boreal,
algo así de indescriptible.
Así termina el año de las estrellas.
Y así ocurre.
La estrella que se apaga
deja que el cielo ocupe su lugar.

Ph. Petros Koublis

miércoles, 7 de marzo de 2018

Luminaria


a Vero Yattah
Los pájaros que no escucho
hasta que ella los nombra,
los grillos como estrellas que prenden y apagan,
los sapos como piedritas que ruedan.
Estoy en el patio de la casa número seis
en la que vivo este verano.
La reposera y sus tiras azules y naranjas
son del color del cielo.
No reconozco nada,
eso es lo que creo.
Escuchá los pájaros mientras estás hablando, dice ella,
eso es el presente.
Después la sirena
los perros que aúllan,
después nada. Como si la alarma
no fuera más que una ilusión.
Como en el agua
que tapa todo,
lo cubre de un dulzor genuino.
Después ese rasgueo que el avión le hace al cielo
sin lastimarlo.
Una pasada y todo vuelve a su lugar.
El cielo permanece.
Le pregunté, cómo se hace.
Decime, cómo volver al alma
para que sea
el movimiento de las hojas
un aire que se esconde en el agua.
Cómo se hace para volver
a estar desnudos,
como si fuera un lugar donde nunca antes estuvimos,
cómo para soltar el ansia del sentido.
Cómo para no quedarme prendida
a la estrella que vimos sobre el ombú
la noche para caminar
la cerveza fría del verano.
Hay un fuego que se apaga
para que el deseo se cumpla,
parece que esa es su condición.
Así también permanece.
Los pájaros cantan con la luz,
el avión,
los grillos, el sapo,
la sirena que se calla,
la llama que alumbra la vida posible
y no la quema.

Ph: Carter Moore

jueves, 8 de febrero de 2018

Hermosa

Ella era hermosa,
de verdad lo era,
yo se lo decía todas las mañanas.
Abría los ojos,
ella dormía.
Sos hermosa.
¿Alguna vez, sabrá ella
que tuve que olvidarla?
Escribo un poema para eso,
para olvidarla.
No voy a volver a verla
y no es una conjetura.
Ya lo sé, si alguien muere, 
así sucede,
desaparece.
Escribo para olvidarla,
sos hermosa,
escribo, podría estar viviendo.
Escribir con el corazón
no es lo mismo
que vivir con el corazón, dijo mi amiga.
Alguna vez, sabrá ella,
que tuve que olvidarla.


Ph: Alexis Hagestad