viernes, 28 de diciembre de 2018

Cena


Ceno sola casi todas las noches, tomo vino.
Necesito una copa, a veces más.
A veces toda la botella hasta dormirme.
Ceno sola y está bien.
Algunas veces me acuerdo
de cómo era
besarlo antes y después de la cena.
Hablar de las cosas del día,
hacer planes, mirar el campo quieto,
escuchar los grillos.
A veces, me acuerdo de cómo era
no querer besarlo después de la cena.
No querer dormir con él después de la cena.
Ceno sola y a veces recuerdo,
cómo era hacer el amor con él antes de la cena.
Cenar a la madrugada en verano,
hacer el amor en la cocina.
La pregunta insiste, cómo era.



martes, 25 de diciembre de 2018

Los días


Todavía no pasaron años,
no sabemos de las dimensiones de las cosas.
Ahora, quiero mirarlo
como si recién lo viera,
medir el volumen de una velocidad posible.
Cuando dormimos juntos
no tengo bordes,
despierto, miro mi cuerpo.
Esta mañana me pareció que no lo conocía.
Podría tratarse de eso.
No saber nada, tocarlo como si no viera
quién es. Quién soy.
¿Soy la misma de todos los días?
Hay un lugar al que no podría volver.
Ya vi mi piedra, bruta,
ya vi lo que desaparece
y otra vez me llama.
No hay piedra más preciosa que esta,
bruta porque amar
es el gesto torpe de un movimiento animal.
Vamos a la forma que no fue tocada,
tocarlo para querer no haberlo hecho,
que no le conozca la voz
que no sepa el ritmo de su respiración.
Que no sepa que la piedra
guarda lo que se olvida,
la información secreta de las estrellas.

Ph. Thomas Jordan



jueves, 6 de septiembre de 2018

El espacio exterior

Como en el espacio exterior
lo que parece vacío, no es vacío.
Y no sé, ahora
cuál es el aire que nos pertenece.
Él es real, como un cuerpo celeste.
Lo nombro, voy despacio,
no quiero que se rompa.
Aun así, la atmósfera puede fallar.
¿Es la primera vez que lo veo?
Al final de la calle, esta mañana
un perro blanco se alejaba,
podríamos haberlo visto antes.
En este espacio no sabemos
qué es recuerdo y qué es futuro.
Hago una lista de películas para el fin de semana,
lluvia dice el pronóstico.
Hago otra, canciones para escuchar en la ruta.
No es vacío el espacio.
¿Es este el modo que tiene de darse un nombre?
Repasar las cosas del día
contarnos lo que hicimos
lavar el plato y el vaso de vino después de la cena.
En qué creo o en qué voy a creer, pregunto.
Veo una luz secreta
pido que no se quiebre.
Es un tesoro, tengo que poder alcanzarlo.
Estamos en el espacio exterior
pero podemos ir hacia adentro,
confiar en la gravedad
que nos devuelva,
en la fuerza mayor del corazón
que no nos deja caer.
  
 

ph. Osma Harvilahti

viernes, 10 de agosto de 2018

La virgen


Cuando vino el señor de la tienda
a colocar las cortinas,
me pidió que mueva las cosas que tenía sobre la mesada,
la maceta grande, el frasco con cucharas y cuchillos, los cactus
el altarcito con piedras
y la virgen.
La miré, era Guadalupe
río de amor,
la que guarda luz, pensé.
Me acordé de la tarde
que la elegí entre muchas piezas de cerámica
que habían labrado las monjas francesas
de la capilla escondida en la montaña
cerca de San Luis.
Él había preguntado
por el retiro en el templo,
si era posible quedarse ahí,
en silencio, durante días, en soledad,
que sí, que es posible.
Seguramente él habrá vuelto.
No lo sé.
La virgen me miraba y ya era algo ausente.
La saqué al balcón
después me pareció que seguía estando
adentro de la casa aunque estuviera a la intemperie.
Entonces la tomé con las dos manos,
salí al pasillo y la tiré en el tacho de basura,
no sin antes ver por última vez
el angelito que tenía en la base.
Un angelito con campanas y vestido blanco.
Acaricié la estatuilla,
me despedí de esa que tomó la virgen como amuleto.
Ahora,
me quedo frente a este cielo,
que no guarda su luz.


domingo, 22 de julio de 2018

Para estar en el mundo



Para estar en el mundo
nos enseñaron formas de hacer las cosas.
No sé de cuáles me desprendí.
Corto la calabaza para la sopa
la pelo con el cuchillo serrucho,
muelo las semillas de sésamo para el pan
sirvo el vino en vasos
caliento la leche para el café,
me gusta el silencio, vivo sola,
puedo olvidarme del mundo.
Pero el otro día en tu casa, vi cómo doblabas la ropa
para guardarla en el placard,
apilaste las remeras, creo que las juntaste por color,
después pusiste el mantel de cuadros en la mesa,
hiciste ese gesto con las manos,
el mismo que haces cuando encendés un cigarrillo
o preparás café
o lavás una fruta.
Siempre me pareció que usas las manos
como si llevaran un tesoro.
Aprendimos a hacer cosas para estar el mundo
aprendimos a estar solos.
Creemos que esa es la naturaleza frente al espíritu,
que así se comparte
la tierra con el cielo.
Cuando estoy en tu casa, también
puedo olvidarme del mundo.
Y es un olvido tierno,
se parece a la forma en que nos dejamos ver
se parece a no saber hasta dónde,
vemos naturaleza o vemos espíritu.





 Ph. Lorena Cao






domingo, 24 de junio de 2018

El bagual


El bagual de las pasturas, salvaje, lo vio.
El caballo de la casa,
domado y tierno, se dejó acariciar 
por las mujeres del campo.
El bagual lo vio
la mañana en que se fue,
allá adonde se anula la tierra con el cielo.
El caballo, ahora cimarrón
encontró al salvaje,
al silvestre,
abandonó lo humano y su intención de nombre.
¿Alguien lo lastimó? 
¿Acaso cruzó un umbral? 
El cimarrón habita por voluntad
en los bosques perdidos, 
sin mapa, donde no llega nadie para verlo.
¿Tiene recuerdos el cimarrón? 
¿Extraña a alguien?
¿Supo lo que abandonaba?
El único riesgo posible del movimiento 
es el rechazo.
Si fuera yo lo salvaje, 
si solo dejara que mi cuerpo
pueda ser otra cosa y no una espera.
Si fuera yo lo salvaje,
lo demás, no sería en verdad importante.
Lo verdaderamente importante es esto,
querer huir, 
ser cimarrón silvestre
escondida,
bagual sin recuerdos,
cimarrón de lo indecible,
la preciosura
a salvo.


Ph. Jeff Lucker

martes, 13 de marzo de 2018

No dormir


Tengo los pies en el pasto,
el sol me da sobre los hombros,
es posible que si nos quedamos mirando el cielo,
el día que recién nace, permanezca.
Es posible,
que la vida sea todo el tiempo esto.
Andar despiertos.
Es posible que del otro lado de la cerca 
de las enredaderas y del surco de frutos naranjas,
esté el mar, dijo Delfi.
Podría estar el mar.
Las cosas lindas de la vida pasan así.
No lo vemos, pero está.
Después,
sus dedos pulsan las teclas del piano
que encontró en la sala.
El piano está cerca de la ventana,
la luz le llega a la cintura,
¿hay algo posible de perderse?
Sí, pero no existe ahora.
Ahora es navidad,
el cielo aclara,
él me besa
y es como si nunca antes me hubiera besado,
lo sé
por eso que nos corre adentro,
como una hilera de luz.
Es posible,
no hay nada que hacer.
El sol vuelve las cosas amarillas,
el árbol vuelve a dar su sombra.
El patio de la casa se une con el cielo,
forman una misma cosa.
Podríamos estar viendo
por ejemplo, la aurora boreal,
algo así de indescriptible.
Así termina el año de las estrellas.
Y así ocurre.
La estrella que se apaga
deja que el cielo ocupe su lugar.

Ph. Petros Koublis