domingo, 25 de junio de 2017

Mirá

a Paula Jiménez España

Mirá esta hoja, dice mi amiga
y se agacha a levantarla del suelo.
No hay luz en la vereda,
salvo las estrellas,
y ahora
esta hoja recién caída
que resplandece.
Ahora el aire
helado.
No importa, así está bien.
Así también puede estar bien.
Sentir el frío 
como una flecha que anuncia
un destino.
Mi amiga abre la palma de su mano
que tiene la forma de una estrella
que tiene la forma de la hoja.
Habíamos quemado algo antes
habíamos estado en medio de un incendio.
La escoria era esta hoja
como de sangre
y todavía viva.










miércoles, 7 de junio de 2017

Qué es el amor


Qué es el amor, me dijo.
Levanté la vista
vi sus ojos 
plenos y dispuestos,
tenía en la pupila el rastro de una ola.
Tenía en las manos, 
algo que había desprendido del jardín.
Qué es el amor, me dijo.
Esta mañana él la besó en los labios,
otra vez.
Le dejó la boca tibia
húmeda y floreciente.
Le dejó un agua.
Como nadar,
eso.
Abrir los brazos
dejar que el agua entre
inunde todo lo que tenga que inundar
y así destruya lo que tenga que destruir.
Abajo del agua todo resplandece.
Nadar
como pulir una madera hasta que encandile
como dejarse ir en una corriente
que no sabemos hacia dónde.
Qué es el amor, me dijo,
lo miré a los ojos
y no se ocultó
y sostuvo la oscuridad de la sombra en el fondo
y la claridad del sol en la superficie.
Una ola, y otra y otra.
Esto que escribo no alcanza nunca.
¿Qué es el amor? me dijo.


jueves, 4 de mayo de 2017

Escritura


Tengo por primera vez en casa
el escritorio de mi madre.
Por qué digo mi madre
y no mamá,
si digo mamá es como llamarla
y no tendría sentido,
no va a responder.
La madera lustrada, clarita y brillante
queda muy bien
con el verde de las plantas
que elegí para el living.
Pero ahora
mientras escribo
estoy sentada en la mesa que da a la ventana,
en la mesa de espaldas
al escritorio que era de mi madre.
Voy a preferir no verlo
mientras escribo.
O quizás pueda dibujar alguna hoja blanca
intentar reconocerlo
aunque él, no me conoce.
O quizás pueda moverme,
ir hacia él, acomodar mi silla
sentirlo cerca, tocar la superficie
esas marquitas que parecen trazos,
como si viera ahora
las manos de mamá creando algo.
Y quedarme ahí, otra vez

al lado de mi madre.



sábado, 29 de abril de 2017

La llegada

Despierto y es otro día,
el sol me muestra las cosas
más claras,
como si se hubieran vuelto
nítidas durante la noche.
No vas a leer este poema,
no vas a saber
ni siquiera que lo escribo.
El viento mueve las hojas
de las plantas
con tanta fuerza
que no sé.
Quiero salvarlas a todas,
pero puedo quedarme quieta
y esperar
que el destino sea lo que es.
Y cuando la voz del poema
te hable,
no digas nada.
No sabés lo poderosa
que puede ser la tierra
cuando recibe.





martes, 25 de abril de 2017

El tala

Me asomo a la ventana
de la casa donde el patio es un monte.
Tengo puesto un saquito,
tela de algodón dulce.
Sale humo de la taza de compota que preparé,
ya es otoño.
Sobre los pastos secos en la huerta
los tordos negros, pequeñitos
uno a uno
como abejas que planean
y así, unos benteveos
aleteando fuerte
pían mientras picotean la hierba,
el resto de la cosecha.
Veo a los pájaros
saltar como si bailaran
sigo de pie frente al vidrio.
No puedo moverme
quiero que ahí permanezcan.
Poder verlos,
hacer su fiesta sobre el yuyal.
Pican y vuelan
pican y vuelan,
los benteveos
están armando sus nidos.
Los tordos van detrás.
Entonces me acuerdo del tala
que apareció atrás
alto y sin una hoja,
después de la poda del cañaveral.
Tronco grueso, añejo y noble
custodiaba la casa.
Los pájaros se acercan
pero el árbol aún no está listo.
Mientras la luz se apaga
él los ve pasar igual que yo.
Inmóviles, los dos
esperamos el secreto
que asoma por esos brotes verdes
que puedan decir,
tengo un corazón
he vuelto,
puedo sostener mi propia casa.




viernes, 6 de enero de 2017

Capullo

Estaba entre los tallos del romero que desprendí,
como la misma envoltura de la que brota una flor.
Vacía la casa de seda
único rastro de la transformación,
una placenta que será devuelta a la tierra
dorada y luminosa.
Fue una crisálida que no vimos.
El capullo cuida el nacimiento,
la oruga va a ser mariposa
y para eso se retira del mundo.
Quise crear para ella la misma casa de seda
cuando vi sus ojos despedirse.
Quise pedirle que recuerde ese punto del pasaje.
Abuela, morir a tus años puede ser hermoso.
Morir no siempre es desaparecer.


jueves, 10 de noviembre de 2016

Adonde haya un río

Supe de cosas que iba a querer hacer sola.
Presenciar la noche y su luz apagada
huir de las estrellas
palpar la textura de los bichos muertos
tocar el agua cuando hierve
dorarme la piel al sol
como si fuera el cuero
de los animales del desierto,
entibiar la leche de un hijo
salir corriendo sin rumbo
adorar mi desnudez
subirme al auto y darle arranque,
llevarme adonde haya un río.
Detenerme en la oscuridad
no ver nada por un rato,
amamantar
llorar con volumen alto
hasta quedarme sin escucha.
Soltar la mano de mamá
salir sin heridas
sangrar sin cicatriz.
Supe que no habría nadie más
que este corazón mío que late
y mi silencio para oírlo quedarse
cerca,
como un maullido
como una luz que no encandila.