domingo, 26 de marzo de 2017

Plegaria

El futuro no existe.
Ella despierta
y es una mañana de gracia.
La beso en los labios
ella no me reconoce.
La beso igual.
La tomo de las manos
ella tiembla.
Le digo hola querida, buen día
no te mueras, pienso.
Cuando la abrazo
la vida es una fuerza
inexplicable como Dios.
Alguien dijo que la muerte apaga
pero ella se alumbra.
Podría no mirarla,
saberlo todo, irme lejos 
creerme a salvo
pero entonces algo de mí
no la amaría.
Puedo solo querer un milagro, 
que siempre, siempre
la devuelva.



lunes, 13 de marzo de 2017

Santa Rita

Volvió a brotar la santa rita, me dice
vieras qué bonitas sus flores.
Mi abuela se despide de la vida
en un lento devenir
que podría ser igual
al de las estaciones.
Por momentos lo sabe,
no se si lo oculta.
Un alma puede crecer tanto
hasta unir tierra y cielo
y así, decidir lo que abandona.



viernes, 3 de marzo de 2017

Remedio

Eso que los japoneses hacen con sus roturas.
Kintsukuroi,
sellar con resina
en silencio,
lo quebrado.
El día que te fuiste
pudiste llevarlo todo,
pero dejaste unos papeles
sobre tu mesa de trabajo.
Encontré un dibujo
que nunca antes había visto,
una nena con un perro entre sus brazos
el perro parecía un león,
los ojos de la nena miraban al frente,
hasta me dio miedo.
También dejaste una foto,
esa del día de la sudestada
en que vimos el mar desde lejos.
El viento no nos dejaba avanzar,
nosotros también podíamos rompernos.
Un remedio,
eso quería.
Porque lo único que se quiebra
para poder reunirse es el poema.
Lo demás no sirve.
Lo demás es un espejo donde no podría verme.
De este lado del mundo
no sabemos
cómo reparar el oro.


sábado, 25 de febrero de 2017

Milagro


Alguien que podría nacer
un almita dando vueltas, dijo.
Cerré los ojos
creí verla.
Era dorada y brillante
parecida a la luz  
que entra por la persiana
cuando amanece.
Puedo escribirle como si estuviera
de ese otro lado.
Como si pudiera pasar por el umbral
que también a mi
me nombra
la permanencia del rumbo
que todos compartimos.
No nací
sin la pausa de estar cerca
del cuerpo quebrado que tuvo mamá.
Pude haber sentido
una fuga,
en el mismo órgano donde crecí.
El almita debe saber todo eso
que después
al abrir su boca en este mundo
para poder vivir
olvidará.


lunes, 6 de febrero de 2017

Archipélago


El viento parecía gritar
como si algo le doliera
¿qué puede dolerle al viento?
Fuerte movió tanto los árboles
que pensé que se quebrarían,
que podría romperse hasta el cimiento de la casa,
pero no,
los troncos se torcieron, casi tocaban la tierra
y nada más.
Después volvieron a apuntar al cielo.
La perra se asustó
abrí la puerta, la miré a los ojos y le dije 
que todo estaba bien.
¿qué es eso?
que todo este bien.
Tengo miedo
pero creo en la idea de un refugio
hasta después saber que es mentira,
que no hay refugio posible.
Todo es parte de este gran mar principal
donde la tierra podría juntarse
pero está dividida.
Qué puede dolernos,
sino ver de cerca la imposibilidad de estar a salvo.


viernes, 6 de enero de 2017

Capullo

Estaba entre los tallos del romero que desprendí,
como la misma envoltura de la que brota una flor.
Vacía la casa de seda
único rastro de la transformación,
una placenta que será devuelta a la tierra
dorada y luminosa.
Fue una crisálida que no vimos.
El capullo cuida el nacimiento,
la oruga va a ser mariposa
y para eso se retira del mundo.
Quise crear para ella la misma casa de seda
cuando vi sus ojos despedirse.
Quise pedirle que recuerde ese punto del pasaje.
Abuela, morir a tus años puede ser hermoso.
Morir no siempre es desaparecer.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Carta


No se qué voy a decirte en la próxima carta que te escriba.
Algo del verano,
de las olas quebradas en la orilla,
sacando el jugo de la sal por todos lados.
Algo de los gritos que ahogo bajo el agua
dejando que la sal me queme un poco la vista.
No se si sabés, tu papá me dijo
que van a venir hasta este océano,
a tirar parte de tus cenizas acá.
Yo voy a estar ahí, le dije.
Pero no se que voy a decirte entonces.
Voy a querer mostrarte el rugoso de mis manos que no van a tocarte
o la agudeza de mi piel roja de sol.
No se qué voy a decirte cuando el agua
tan sin fin,
te lleve adentro.
Cuando las olas rompan, sigan rompiendo
y no se vea ni siquiera ese polvo seco que dejó el fuego.
Voy a querer quedarme muda
y vos vas a ser de sal,
blanca como la nieve que no conozco,
o como las gaviotas
que se juntan a la hora más linda de la tarde
a buscar su alimento.
Pero no,
amar es otra cosa.
Nada de esto tiene que ver con despedirte.
A veces creo que si fuéramos sabias como los peces,
así de desprendidas,
con ese corazón que no abandona el agua,
así de posible sería morir.