jueves, 4 de mayo de 2017

Objeto


Tengo por primera vez en casa
el escritorio de mi madre.
Por qué digo mi madre
y no mamá,
si digo mamá es como llamarla
y eso no tendría sentido,
no va a responder.
La madera lustrada, clarita y brillante
queda muy bien
con el verde de las plantas de interior
que elegí para el living.
Pero ahora
mientras escribo
estoy sentada en la mesa que da a la ventana
en la mesa de espaldas
al escritorio que era de mi madre.
Voy a preferir no verlo
mientras escribo.
O quizás pueda dibujar alguna hoja blanca
intentar reconocerlo
aunque él no me reconoce.
Solo sostiene los libros que pongo en pilas
uno sobre el otro
poesía sobre poesía
para tapar la superficie lisa
del escritorio que era de mi madre.




sábado, 29 de abril de 2017

La llegada

Despierto
ya es otro día,
el sol me muestra las cosas
más claras,
como si se hubieran vuelto
nítidas durante la noche.
No vas a leer este poema
no vas a saber
ni siquiera que lo escribo.
El viento mueve las hojas
de las plantas
con tanta fuerza
que no se.
Quiero salvarlas a todas,
pero puedo quedarme quieta
y esperar
que el destino sea lo que es.
Y cuando la voz del poema
te hable,
no digas nada.
No sabes lo poderosa 
que puede ser la tierra
cuando recibe,
y además
ella siempre
regresa al origen.



martes, 25 de abril de 2017

El Tala

Me asomo a la ventana
de la casa donde el patio es un monte.
Atrás el cielo
entre el azul y el rosa
se aproxima a la noche.
Tengo puesto un saquito,
tela de algodón dulce.
Sale humo de la taza de compota que preparé,
ya es otoño.
Sobre los pastos secos en la huerta
los tordos negros, pequeñitos
uno a uno
como abejas que planean
y así, unos benteveos,
aleteando fuerte
pían mientras picotean la hierba
el resto de la cosecha.
La tierra donde solo queda
alguna flor de zapallo
y las caléndulas, tan naranjas
inmunes al frío.
Veo a los pájaros
saltar como si bailaran
sigo de pie frente al  vidrio.
No puedo moverme
quiero que ahí permanezcan.
Poder verlos
hacer su fiesta sobre el yuyal.
Pican y vuelan
pican y vuelan.
Los benteveos
están armando sus nidos.
Los tordos van detrás.
Entonces me acuerdo del tala
que apareció atrás de la casa
alto y sin una hoja,
después de la poda del cañaveral.
Tronco grueso, añejo y noble
custodiaba.
Los pájaros se acercan
pero el árbol aún no está listo.
Mientras la luz se apaga
él los ve pasar igual que yo.
Inmóviles, los dos
esperamos el secreto
que asoma por esos brotes verdes
que puedan decir,
tengo un corazón
he vuelto,
puedo sostener mi propia casa.


domingo, 16 de abril de 2017

Ceremonia del té

nuestra alma
y su envoltura caben
en un pequeño vacío en la pared
o en un papel de seda raspado con la uña
José Lezama Lima


Comimos el dulce de año nuevo
harina de arroz blanda y de azúcar
un fruto rojo
y un glacé.
El té se calentó 
con fuego hecho sobre carbones.
Un polvo verde
del color del wasabi
o el pasto nuevo del jardín,
un plumerillo de bambú
para hacer la espuma.
Ella mueve el instrumento
como si acariciara el agua de un lago,
un cristal.
Sirve el té en cada cuenco
las manos tocan la materia
con la delicadeza que se tiene 
al recibir un recién nacido.
La taza se da vuelta,
dos giros sobre la palma
para ver justo 
sobre la base del cuenco
la firma del artesano.
Cada pieza
las lacas 
el bambú tallado
es una ofrenda, explica Emiko.
Sobre el tokonoma
se abren crisantemos
pimpollos
blancos y suaves,
desconocidos.




jueves, 6 de abril de 2017

Linaje


Puedo no ser yo la que recibe
el golpe directo en la espalda,
un quiebre total
con arma de guerra.
Pero mi abuela
estaba adentro de la panza
de su madre
y ahí vino,
en la lentitud de un barco
que avanzaba al país desconocido.
El agua, tan ancha
no pudo curar la herida.
La siento a veces
en el centro del útero.
Puedo no ser yo,
pero mamá me habla en sueños
repite cosas
que olvidé.
Algo del dolor
algo del frío.
La abuela pudo nacer en altamar.
Una bomba pudo hundir el barco,
¿tuvo miedo ese vientre?
Ahora,
la televisión podría mostrar esos barcos
pero el mundo creó aviones.
Y no dejo de sentir
ese latido de quiebre en la espalda.
Entonces, para qué acercarse al cielo
¿hay Dios que vea?





viernes, 6 de enero de 2017

Capullo

Estaba entre los tallos del romero que desprendí,
como la misma envoltura de la que brota una flor.
Vacía la casa de seda
único rastro de la transformación,
una placenta que será devuelta a la tierra
dorada y luminosa.
Fue una crisálida que no vimos.
El capullo cuida el nacimiento,
la oruga va a ser mariposa
y para eso se retira del mundo.
Quise crear para ella la misma casa de seda
cuando vi sus ojos despedirse.
Quise pedirle que recuerde ese punto del pasaje.
Abuela, morir a tus años puede ser hermoso.
Morir no siempre es desaparecer.


jueves, 10 de noviembre de 2016

Adonde haya un río

Supe de cosas que iba a querer hacer sola.
Presenciar la noche y su luz apagada
huir de las estrellas
palpar la textura de los bichos muertos
tocar el agua cuando hierve
dorarme la piel al sol
como si fuera el cuero
de los animales del desierto,
entibiar la leche de un hijo
salir corriendo sin rumbo
adorar mi desnudez
subirme al auto y darle arranque,
llevarme adonde haya un río.
Detenerme en la oscuridad
no ver nada por un rato,
amamantar
llorar con volumen alto
hasta quedarme sin escucha.
Soltar la mano de mamá
salir sin heridas
sangrar sin cicatriz.
Supe que no habría nadie más
que este corazón mío que late
y mi silencio para oírlo quedarse
cerca,
como un maullido
como una luz que no encandila.