domingo, 24 de junio de 2018

El bagual


El bagual de las pasturas, salvaje, lo vio.
El caballo de la casa,
domado y tierno, se dejó acariciar 
por las mujeres del campo.
El bagual lo vio
la mañana en que se fue,
allá adonde se anula la tierra con el cielo.
El caballo, ahora cimarrón
encontró al salvaje,
al silvestre,
abandonó lo humano y su intención de nombre.
¿Alguien lo lastimó? 
¿Acaso cruzó un umbral? 
El cimarrón habita por voluntad
en los bosques perdidos, 
sin mapa, donde no llega nadie para verlo.
¿Tiene recuerdos el cimarrón? 
¿Extraña a alguien?
¿Supo lo que abandonaba?
El único riesgo posible del movimiento 
es el rechazo.
Si fuera yo lo salvaje, 
si solo dejara que mi cuerpo
pueda ser otra cosa y no una espera.
Si fuera yo lo salvaje,
lo demás, no sería en verdad importante.
Lo verdaderamente importante es esto,
querer huir, 
ser cimarrón silvestre
escondida,
bagual sin recuerdos,
cimarrón de lo indecible,
la preciosura
a salvo.


Ph. Jeff Lucker

martes, 13 de marzo de 2018

No dormir


Tengo los pies en el pasto,
el sol me da sobre los hombros,
es posible que si nos quedamos mirando el cielo,
el día que recién nace, permanezca.
Es posible,
que la vida sea todo el tiempo esto.
Andar despiertos.
Es posible que del otro lado de la cerca 
de las enredaderas y del surco de frutos naranjas,
esté el mar, dijo Delfi.
Podría estar el mar.
Las cosas lindas de la vida pasan así.
No lo vemos, pero está.
Después,
sus dedos pulsan las teclas del piano
que encontró en la sala.
El piano está cerca de la ventana,
la luz le llega a la cintura,
¿hay algo posible de perderse?
Sí, pero no existe ahora.
Ahora es navidad,
el cielo aclara,
él me besa
y es como si nunca antes me hubiera besado,
lo sé
por eso que nos corre adentro,
como una hilera de luz.
Es posible,
no hay nada que hacer.
El sol vuelve las cosas amarillas,
el árbol vuelve a dar su sombra.
El patio de la casa se une con el cielo,
forman una misma cosa.
Podríamos estar viendo
por ejemplo, la aurora boreal,
algo así de indescriptible.
Así termina el año de las estrellas.
Y así ocurre.
La estrella que se apaga
deja que el cielo ocupe su lugar.

Ph. Petros Koublis

miércoles, 7 de marzo de 2018

Luminaria


a Vero Yattah
Los pájaros que no escucho
hasta que ella los nombra,
los grillos como estrellas que prenden y apagan,
los sapos como piedritas que ruedan.
Estoy en el patio de la casa número seis
en la que vivo este verano.
La reposera y sus tiras azules y naranjas
son del color del cielo.
No reconozco nada,
eso es lo que creo.
Escuchá los pájaros mientras estás hablando, dice ella,
eso es el presente.
Después la sirena
los perros que aúllan,
después nada. Como si la alarma
no fuera más que una ilusión.
Como en el agua
que tapa todo,
lo cubre de un dulzor genuino.
Después ese rasgueo que el avión le hace al cielo
sin lastimarlo.
Una pasada y todo vuelve a su lugar.
El cielo permanece.
Le pregunté, cómo se hace.
Decime, cómo volver al alma
para que sea
el movimiento de las hojas
un aire que se esconde en el agua.
Cómo se hace para volver
a estar desnudos,
como si fuera un lugar donde nunca antes estuvimos,
cómo para soltar el ansia del sentido.
Cómo para no quedarme prendida
a la estrella que vimos sobre el ombú
la noche para caminar
la cerveza fría del verano.
Hay un fuego que se apaga
para que el deseo se cumpla,
parece que esa es su condición.
Así también permanece.
Los pájaros cantan con la luz,
el avión,
los grillos, el sapo,
la sirena que se calla,
la llama que alumbra la vida posible
y no la quema.

Ph: Carter Moore

jueves, 8 de febrero de 2018

Hermosa

Ella era hermosa,
de verdad lo era,
yo se lo decía todas las mañanas.
Abría los ojos,
ella dormía.
Sos hermosa.
¿Alguna vez, sabrá ella
que tuve que olvidarla?
Escribo un poema para eso,
para olvidarla.
No voy a volver a verla
y no es una conjetura.
Ya lo sé, si alguien muere, 
así sucede,
desaparece.
Escribo para olvidarla,
sos hermosa,
escribo, podría estar viviendo.
Escribir con el corazón
no es lo mismo
que vivir con el corazón, dijo mi amiga.
Alguna vez, sabrá ella,
que tuve que olvidarla.


Ph: Alexis Hagestad


martes, 9 de enero de 2018

Masa madre

Un pan no es más que un pan
y su corteza,
un día aprendí,
hay un pan que se parte lento,
el cuchillo plateado,
podría ser
solo el brillo
que rompe la corteza,
un caparazón
que está hecho para eso.
Hay un momento,
el instante del quiebre
el tiempo antes
de mirar el centro descubierto,
el sonido de una corteza rota,
un sonido que reconozco.
Algo cambia para siempre.
Un pan no es más que un pan
pero se le ve un corazón
y hay un cuchillo que lo abre,
una herida de nacimiento.
Adentro es blando,
blanca y blanda es su alma.
Un pan no es más que un pan,
nació de su masa madre,
del grano de trigo,
la cebada, el sol de verano,
la mano que lo amasa,
la que veo ahora
y parte la corteza,
desarma algo. Un pan se abre.
Veo tu mano
y es como si fuera
esa corteza, rota,
abierta y blanca,
el alma que se nos ve.


martes, 7 de noviembre de 2017

Lo que importa

Las partes de la vida que recuerdo,
el puente, su altura, las vías del tren,
el tren que ya no pasa,
un río fino de agua,
pantalón muy corto, musculosa,
otra vez verano,
mis amigas y yo
somos felices,
no hemos perdido nada.
No sabemos, de hecho, qué es la pérdida.
Lo que recuerdo,
las piernas al sol, el aire caliente
el pelo suelto, el cielo.
Lo que recuerdo,
las partes de la vida que recuerdo,
la espera no existe. Todo es presente
y corro en la playa,
lo único que me detiene es el mar
el reflejo del sol que me enceguece.
Estoy en el agua,
nado de espaldas,
miro el cielo del mar,
que es un cielo mayor, un cielo madre.
Lo que recuerdo,
estoy en el agua, miro el cielo
desde la pileta del club.
El agua siempre es nítida.
Lo que recuerdo,
lo que más importa,
el tiempo en el que aun no sé
el nombre de las cosas.


miércoles, 6 de septiembre de 2017

Notas de un paisaje (fragmentos)

I

Hay una casa en medio del bosque con un muelle sobre el lago y una ventana desde donde mirar las montañas y la nieve. Ahí también escribo.


Esta mañana bajó conmigo hasta el muelle el perro de la casa, Cupa (podría decirle también Cuba, pienso), le tomé el hocico, lo miré a los ojos, me miró a los ojos. Ninguno habló. Había nieve sobre las maderas y los dos oímos ese ruido de la escarcha quebrándose. Nos quedamos un rato mirando la laguna y el cielo en el agua como un espejo. Podría creer que los dos veíamos lo mismo.

II


Agosto 1, Día 1, Bariloche.

Esta es la casa donde me quedo. Laguna El trébol, kilómetro 18, Bariloche. Esta es la geografía.
En la habitación de Maia hay una repisa con sus libros. Arriba unas fotos enganchadas.
El gancho sostiene un papelito de esos que vienen en las galletas de la fortuna. Defiende tu reputación, dice. El gancho también sostiene unas fotos, su papá y su mamá. Lo sé porque cada uno lleva un parecido con ella inconfundible.


VII

Reviso mis notas, casi todas son escritas por la mañana. Son de los últimos dos meses, creo.
Leo:
12 de junio:
Me gusta escribir a mano, es como volver a mirar una caligrafía que a veces olvido. Mi letra manuscrita se parece a la de mamá.

13 de junio:
Cada vez que escribo un poema me siento más viva.
No hay forma de no salir fuerte de esto.

14 de junio:
I have been to hell and back, and let me tell you it was wonderful, Louise Bourgeois.

15 de junio:
Creo en lo que todavía no es porque así creo en lo que es.

17 de junio:
La luz sobre las cosas.

20 de junio:
Pienso en M., amo a esa perra, y quizás ella me ame a mí.

23 de junio:
Idea Vilariño: este cuaderno es lo único que me lleva a mí misma.

10 de julio:
Veo pasar los pájaros en el cielo, los veo decidir el rumbo.

21 de julio:
Escribo para ir con cuidado.

XI

4 de agosto. Día 4

Dormí bien, de corrido toda la noche. Desperté temprano y el sol no había salido.
Lo veo ahora alumbrar los pinos del otro lado de la laguna.
Sigo leyendo a Bishop. Las cartas que le escribo se van haciendo poemas.
Anoto: la precisión es deber del poeta.
¿Dónde está el color cuando aparece? Cuando se muestra bajo la escarcha o a través de ella,
¿es blanco? ¿Es blanca la escarcha sobre la laguna? ¿Qué puedo hacer con este paisaje?

Mediodía:
Lectura: Diario de un libro de Alberto Girri.
El diario de Girri comienza un día 4, escribir, anota. Escribo, anoto.
Anoto del diario de Girri:
Lunes 18: nuestra vida más instintiva tiene intolerancia al secreto.
Escribo poemas para salir de mi propio secreto.

Sigo en diálogo con Girri:
Jueves 21: Solo cuando decimos que todo es incomprensible nos acercamos a la comprensión.
Anoto: la poesía es materia de creencia. Estoy pensando otra vez en la fe.


XVI

9 de agosto. 2017

Anoto: La felicidad que me da ver el lago cuando sale la luz. Extraño a M. o a su gesto desenfrenado de amor. Los perros de la casa me la recuerdan.
Los perros corren libres. Si ellos corren libres ¿por qué nosotros no?

True love needs no company, dice Bob Dylan en If dogs run free. Me parece una gran definición del amor.