miércoles, 7 de marzo de 2018

Luminaria


a Vero Yattah
Los pájaros que no escucho
hasta que ella los nombra,
los grillos como estrellas que prenden y apagan,
los sapos como piedritas que ruedan.
Estoy en el patio de la casa número seis
en la que vivo este verano.
La reposera y sus tiras azules y naranjas
son del color del cielo.
No reconozco nada,
eso es lo que creo.
Escuchá los pájaros mientras estás hablando, dice ella,
eso es el presente.
Después la sirena
los perros que aúllan,
después nada. Como si la alarma
no fuera más que una ilusión.
Como en el agua
que tapa todo,
lo cubre de un dulzor genuino.
Después ese rasgueo que el avión le hace al cielo
sin lastimarlo.
Una pasada y todo vuelve a su lugar.
El cielo permanece.
Le pregunté, cómo se hace.
Decime, cómo volver al alma
para que sea
el movimiento de las hojas
un aire que se esconde en el agua.
Cómo se hace para volver
a estar desnudos,
como si fuera un lugar donde nunca antes estuvimos,
cómo para soltar el ansia del sentido.
Cómo para no quedarme prendida
a la estrella que vimos sobre el ombú
la noche para caminar
la cerveza fría del verano.
Hay un fuego que se apaga
para que el deseo se cumpla,
parece que esa es su condición.
Así también permanece.
Los pájaros cantan con la luz,
el avión,
los grillos, el sapo,
la sirena que se calla,
la llama que alumbra la vida posible
y no la quema.

Ph: Carter Moore

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